Volver

Cómo nos llega y cómo llegamos al 1 de mayo

“Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores. La experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia aparece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las cosas”.(“Cordobazo” en el Periódico de la CGT de los Argentinos, 1969)

La invitación a reflexionar y escribir sobre el 1º de mayo siempre es una ocasión no sólo para pensar alrededor del hecho histórico, sino también para revisar cómo nos llega a través del tiempo y cómo llegamos a él. 

Hoy llegamos al primero de mayo obligados a reflexionar alrededor de cuestiones esenciales para los intereses de trabajadores y trabajadoras, en el plano internacional y más aún en el plano nacional.

En efecto, desde hace años la huelga en su real dimensión, libertad fundamental de las y los trabajadores alrededor de la cual se construye la propia organización sindical y herramienta central para tutela y consecución de sus derechos, viene siendo puesta en duda aún dentrodel ámbito de la OIT.

Este marco revela, por lo demás, que ha arreciado la embestida del sector empleador, que evalúa su mayor fuerza a la luz de los giros políticos de los países con gobiernos de abierta simpatía a la defensa de sus intereses.

Entre tanto, crece la voluntad de retornar a un mundo pre-laboral a partir de la utilización de nuevas tecnologías como excusa para la elusión de las responsabilidades debidas por empleadores a sus trabajadores y trabajadoras y a toda la sociedad en su conjunto.

La pretensión de contratar “tiempo humano sin humanidad” vale para el sólo objeto de desprender a trabajadoras y trabajadores de la dignidad que los constituye como humanos y, con ello, vulnerar sin cortapisas todos sus derechos.

La Argentina, lejos de estar a la zaga en estas cuestiones, pretende ser un país adelantado en materia de atropello de derecholaborales.

Aumento del desempleo, del empleo sin registrar, el Estado que permite (¿o alienta?) trabajo en condiciones inhumanas so pretexto de los avances tecnológicos y, en la cara de toda la población, amenazas frente a posibles medidas gremiales, atropellos de toda clase a los sindicatos, etc. son moneda corriente en los días que vivimos.

Ayer, un paro dictado por una importante cantidad de gremios contra las políticas del Gobierno y la reacción de éste y el dictado para muchas actividades de la conciliación obligatoria en clara violación a la libertad de huelga, resultan un punto alto en el relato que vengo haciendo. En los ´90 ya se daban tales atropellos y esta medida nos hizo recordar al decreto 843/00, de la anterior Alianza y firmado por Patricia Bullrich, que en ese entonces perseguía a los huelguistas desde otro ministerio, la extinta cartera laboral.

La fuerza de las Organizaciones Sindicales han impedido que se avance aún más contra los derechos de trabajadores y trabajadoras, pero la recuperación de los derechos perdidos requiere cambios urgentes desde el Estado.

Las reivindicaciones obreras llegan a buen puerto cuando más trabajadores y trabajadoras se comprometen con ellas, desde el sindicato y el sindicalismo y desde la política local y nacional.

No hay posibilidad de alcanzar fuertes mejoras, de recuperar los derechos perdidos y avanzar por más y mejores derechos sin un marco que facilite esa posibilidad o mejor, sin un Estado que bregue por esos mismos objetivos.

A los mártires de Chicago los explotó un sistema, los condenó un Poder Judicial funcional a sus explotadores y permitió su asesinato un Gobierno servil a esos intereses.

También se forjaron como héroes por su férrea voluntad y solidaridad y así nos llega su memoria y la memoria de su lucha, para que nunca dejemos de gritar ¡Viva la lucha de trabajadores y trabajadoras!