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El mayor crecimiento de la desocupación desde 2002

El desempleo experimentó en 2018 el crecimiento interanual más acelerado desde el año 2002. 

El incremento de 1,9 puntos porcentuales de la tasa de desocupación elevó el valor del indicador del 7,2% al 9,1% entre los cuartos trimestres de 2017 y 2018. Así alcanzó el nivel más alto de los últimos 12 años. El exponencial aumento del desempleo es el principal saldo de la profunda retracción de la actividad económica, que registró una caída del 6,2% entre los cuartos trimestres de 2017 y 2018. Esa contracción es la más significativa para un cuarto trimestre desde, al menos, el año 2004 (la serie estadística no incluye datos previos). Los principales damnificados por este acelerado proceso de destrucción de empleo fueron los jóvenes. Cerca de la mitad de los nuevos desocupados pertenecen a ese grupo etario. El crecimiento del desempleo se vio contenido por la expansión de la precariedad laboral. Puesto en otros términos: como la precariedad aumentó, la desocupación no creció a un ritmo superior al que efectivamente lo hizo. El empleo informal se convirtió en un verdadero refugio para quienes se incorporan recientemente al mercado de trabajo (con el objetivo de compensar la caída de los ingresos familiares) o, también, para quienes perdieron sus empleos de calidad. Entre los cuartos trimestres de 2017 y 2018, más de 50.000 personas consiguieron un trabajo no registrado (es decir, sin obra social, aportes jubilatorios, vacaciones pagas, aguinaldo, etc.). Por eso, la tasa de informalidad laboral pasó del 34,3% al 35,3% durante ese período, consolidándose así la tendencia a la expansión de esta problemática que se inició en 2016 (luego de doce años de disminución ininterrumpida). También se expandió la cantidad de personas que trabajan en jornadas reducidas pero pretenden trabajar más horas. Por eso la tasa de subocupación pasó del 10,2% al 12% en ese período.  

No es posible disociar este deterioro de las acciones (y omisiones) del Estado nacional en el marco de la recesión económica. En particular, desde el inicio de la contracción no se ha implementado ninguna política pública que tuviera como objetivo amortiguar el impacto dea caída de la actividad económica sobre el empleo. Por caso, los programas del Ministerio de Producción y Trabajo destinados a incentivar la inserción laboral o a preservar los puestos de trabajo ya existentes tuvieron una cantidad de beneficiarios llamativamente baja.  

Informe de CETyD - IDAES Ver más